Mientras las terribles guerras mundiales expulsaban a los habitantes de Europa en busca de nuevos horizontes, el actual deterioro de la economía de los países de América Latina, y en especial de la Argentina, provoca en los distintos consulados una avalancha de jóvenes que han decidido solicitar la ciudadanía de sus antepasados europeos para buscar su destino en el viejo continente. A casi todos los mueve la desocupación y la terrible certeza de carecer de un futuro promisorio. Y la triste historia del desarraigo vuelve a repetirse, pero en sentido contrario.
Detrás
de cada uno de estos jóvenes, angustiados por dejar la patria, se esconden
historias familiares que sólo ahora han ido descubriendo, empujados por la
necesidad administrativa de rastrear sus orígenes, sus raíces. Aparecen
historias de amor, odio, lealtad y crimen. Historias que marcaron a fuego la
vida de nuestros abuelos y bisabuelos y que nadie había explorado antes.
Contemos algunas de ellas.
Julián,
de 27 años, buscando en la historia de sus antepasados se enteró que sus
bisabuelos, que se conocieron en el barco que había zarpado de España, no
pudieron esperar a que el barco tocara tierra argentina y decidieron casarse en
alta mar, arribando a la Argentina como un matrimonio ya constituido. Dónde
rastrear los documentos relativos a ese casamiento? Debido a esta pequeña
“travesura” de sus bisabuelos, Julián deberá encontrar el pueblo del sur de Brasil al cual pertenecía
la jurisdicción de las aguas en las que navegaba el barco cuando sus bisabuelos
decidieron casarse, pocas semanas después de haberse conocido, con sólo 19 años
de edad. No será fácil.
La
historia de Viviana es aún más sorprendente. Al intentar rastrear a sus
antepasados se encontró con que su bisabuelo no sólo no tenía su mismo
apellido, sino que había sido desertor del ejército italiano durante la Gran
Guerra. Como consecuencia de su condición de desertor era perseguido en cada
puerto que tocaba el barco, por lo cual decidió desembarcar en Brasil con su esposa
y su hijita (la abuela de Viviana), para huir de la policía. Sin embargo,
también ahí fue detectado. Después de una riña con uno de los oficiales
brasileños, accidentalmente, lo mató. Nuevamente comenzó a huir, tratando de
ingresar a la Argentina. Lo logró a través de la provincia de Misiones, con un
apellido falso, que es el que hoy lleva Viviana. Paradójicamente, 80 años
después, ella pudo reencontrarse con sus “primos lejanos” que llevan el
verdadero apellido de su bisabuelo.
Lo
que le pasó a Julia nos debe enseñar que siempre hay que manejarse con la
verdad en las historias familiares. Ella tiene 23 años y su papá 51 y solamente
ahora, rastreando la documentación de sus antepasados, ambos se enteraron que
el papá había sido adoptado. Nunca nadie había revelado este secreto y el
golpe, después de tantos años, fue terrible para ambos. La hija culpando al
padre de no haberle contado, el padre culpando a quién? ya es tarde para culpar, ahora solo queda
asumir la vida como es.
Angela,
de 25 años, está enojada con su abuelo paterno. No puede conseguir la
ciudadanía portuguesa porque a su abuelo se le ocurrió nacionalizarse
argentino. Hoy es comprensible la rabia de Angela por no poder acceder a la
llave del mercado europeo que tan ansiosamente buscan los jóvenes. Sin embargo,
si a principios del siglo pasado no se hubiera promovido desde el gobierno una
política para estimular a los inmigrantes que vinieron a poblar la Argentina
para que echaran raíces aquí, tal vez hoy no existiríamos, o la historia sería
otra. Tal vez mejor, tal vez peor, quién sabe? Decididamente otra.
Bienvenidas
las exploraciones en nuestros árboles genealógicos, si esto nos permite
recobrar y reconstruir nuestro pasado y nos da algo de fuerzas para proyectar
el futuro que, a veces, parece un espejo invertido de las historias que
buscamos recuperar.
LIC AURORA FIORENTINI
BARILOCHE - ARGENTINA