LOS ARROZALES DE BIANZE'
Me encuentro en la llanura padana, en un lugar extrano para mi, puesto que
cada vez que venìa a Italia solìa estar entre montañas, colinas o a la
orilla del mar. Estoy en el pueblo de Bianzè, pueblo pequeño, que tendrà un
diàmetro de 1 km. (dentro de la circunvalaciòn), pero que luego continùa un
poco màs en todas las direcciones alrededor de su circunferencia, menos
hacia el lado de la estaciòn del ferrocarril: detràs de ella, que no està
comprendida en el perìmetro, comienzan los sembradìos.
Nuestra casita, una casita antigua remodernada, està fuera del pueblo, en
una de las tantas callecitas sin salida que, de la ruta que lleva a Livorno
Ferraris, terminan en los campos arados. Son callecitas casi privadas,
largas entre 150 y 200 metros. Son angostas, pasa un sòlo auto por lo que no
se puede estacionar. Saliendo del pueblo nos encontramos con los campos
sembrados de maìz, porque, segùn me han contado la gente de este pueblo, el
cultivo del arroz ya no rinde como antes y algunos han comenzado a
diversificar su producciòn.
Pero un poco màs lejos comienzan los arrozales que forman este mar a
cuadritos tan particular.
La provincia de Vercelli es la cuna del arroz. Ahora nos encontramos
rodeados de piletones, uno junto a otro, perfectamente cuadrados, de entre
80 y 100 metros de lado, y que, en este momento que ya se sembrò el arroz,
estàn llenos de agua.
Un paisaje doble nos rodea en el que el cielo y la tierra se confunden. Està
formado por todos estos tranquilos laguitos, en los que se reflejan todas
las cosas: àrboles, casas, nubes, hombres y màquinas. Alternando con los
piletones vemos las grandes casas de campo, llamadas "cascine", que parecen
abandonadas. Algunas sì lo estàn, otras no. Lo que sucede es que quedaron
ahì pero ya no se usan. En la actualidad los trabajos agrìcolas se realizan
en su totalidad por medio de màquinas. Antes una "cascina" albergaba hasta
100 mujeres, llamadas "mondine", que eran las que se ocupaban de realizar
todas las tareas del campo, trabajando esforzadamente el dìa entero, a veces
cantando en coro. Venìan de lejos y en esta llanura encontraban casa y
trabajo. Ahora ya no son necesarias y las grandes construcciones estàn
deshabitadas. A lo mejor para nosotros se trata de un recuerdo bello y
romàntico, pero entonces se trataba de un trabajo muy pesado, que algunos
con razòn han definido heroico. Especialmente cuando se debìa desmalezar o
en la época de la recolecciòn y de la trilla, todo realizado a mano.
Espero con ansia el momento en el que de esos piletones surgiràn las
plantas. Seguramente iré a verlas de cerca porque no las conozco. Me gusta
mucho el arroz y lo he comido durante toda mi vida, pero nunca habìa estado
cerca de un arrozal.
Lic. Aurora Fiorentini