Indice:
Introducción: América
como lo hóspito
Primera parte: Antigua estrategia
Estrategia reciente
Segunda parte: Nueva estrategia
El hinterland suramericano
El espacio autocentrado
El rombo
Conclusión
Introducción
“El
Nuevo Mundo es nuestra patria y su historia la nuestra, y por ella es que
debemos examinar nuestra situación presente para determinar por ella nuestra índole”,
así comenzaba el pensador peruano Juan Pablo Viscardo (1725-1798) su Carta a
los españoles americanos. Además de ser el manifiesto continental de la
revolución emancipadora es el primer americano que se pregunta filosóficamente
por nuestra identidad.
Un siglo más tarde es Juan Bautista Alberdi(1810-1884) quien afirmaba en
sus Ideas para un curso de filosofía que “Nuestra filosofía ha de salir de
nuestras necesidades de ahí que la filosofía americana deba ser esencialmente
política y social...América será la que resuelva el problema de los destinos
americanos
Otro siglo después es el filósofo argentino Nimio de Anquín
(1896-1979) sostenía en El Ser, visto desde América: “Pero no se trata de
pensar como europeos sino como americanos, como hijos de este continente nuevo....La
novedad de América nos inclina a pesar en un presocratismo americano semejante
al griego, aunque no igual...Quien filosofe genuinamente como americano no tiene
otra salida que el pensamiento elemental dirigido al Ser objetivo-existenci
Esta secuencia concatenada de tres autores en tres siglos es realizada
para mostrar la preocupación permanente de los americanos por el problema de ¿Qué
es América y quiénes somos nosotros?. Preocupación que podemos multiplicarla
por cientos y cientos de autores que desde las más disímiles perspectivas se
han ocupado del tema
El objetivo de esta ponencia no es historiar todas las opiniones que
sobre Nuestra América se han vertido (ser raza cósmica en Vasconcelos; ser a
la expectativa según Mayz Vallenilla; ser utópico en Waldo Frank; ser promesa
según Ortega; ser inexistente en Giovanni Papini; ser provisorio en Hegel; ser
telúrico en Keyserling; ser como estar ahí según Kusch; ser bifronte en
Caturelli; ser para la humanidad en Zea; ser estético en Schwarstmann; ser
indio en Tamayo y Varcarcel; ser
católico en Sepich et alia; ser mestizo en Mercado Vera et alia; ser doblez en
Arguedas; ser ladino en Martinez Estrada; ser disminuido en De Pauw y Bufón;
ser inadecuado al mundo actual según Richard Morse, ser criollo en Lugones,
Rojas et alia; etc.etc.
Es
conveniente en primer lugar realizar una breve aproximación etimológica al término
América, pues aun cuando la explicación filológica solo esclarezca el quid
nominis, ello implica no obstante, un primer acercamiento al quid rei, a lo que
es la realidad mentada por ese nombre.
Es sabido que con respecto a las ciencias del espíritu el método etimológico
es una de las vías de acceso a lo real y se encuentra plenamente justificado;
sobretodo después de los aportes de Heidegger, Zubiri y Wagner de Reyna que
mostraron cómo el trabajo etimológico puede devolver la fuerza elemental,
gastada por el largo uso, a las palabras originarias que es necesario volver
para recuperar su sentido auténtico.
La
validez de la investigación etimológica –etymos significa lo verdadero-
radica, en nuestra opinión, en el semi-develamiento de la realidad de las cosas.
La etimología es, ciertamente, es una ciencia auxiliar pero tiene por función
abrir el campo gris donde están caídas las cosas, perfilar las mismas, pero
ella por sí misma no puede definir. Deja planteada la cuestión. Y la cuestión
principal es cuál sea la vinculación
entre las palabras y las cosas. O dicho de otro modo: El ser de las cosas
responde al nombre de las mismas?. En este sentido sostenemos que sí, pero análogamente.
Esto es, parte idem, parte diversa.
Por lo que, corresponde a la filosofía la resolución de la cuestión
Históricamente
el término América proviene del nombre Américo correspondiente al cartógrafo
florentino Vespucio, quien al regresar de su viaje del 1501-1502 narró en una
carta editada luego bajo el nombre Mundus
Novus las condiciones, contornos y costumbres de la tierra descubierta por
Colón. Pero fue el cartógrafo alemán Martín Waltzemuller, también llamado
Hylocompylus que editó en Nuremberg en 1507 un mapa general del mundo que
contenía datos geográficos revelados por Vespucio quien denominó por primera
vez América al nuevo continente en homenaje al cartógrafo florentino.
Etimológicamente
el término Américo, que se usa como femenino a semejanza del resto de los
continentes: Asia, Africa, Europa, proviene del germánico Amal,
nombre del fundador de la familia real ostrogoda, que significa trabajo y de la partícula rich
o rik que quiere decir jefe, mando,
poderoso.
Una
etimología complementaria nos indica que Américo es equivalente a Aimerico,
del gótico hámis que significa casa
y del conocido rik o rich.
Por
todo lo cual podemos colegir que América significa textualmente “poderosa en
el trabajo” o “la que manda en su hogar”. Saque cada uno las conclusiones
que desee, pero el nombre de América ya algo barrunta sobre su sentido. “No
olvides, dice el poeta Leopoldo Marechal, que al elegir un nombre se elige un
destino”.
El
abordaje a la cuestión de nuestra identidad nacional lo encaramos desde una
doble pregunta: Qué es ser americano y qué es América?
Ante
la primera de las preguntas nosotros dejamos de lado las explicaciones psicológicas,
históricas, culturalistas, sociológicas, etnográficas y políticas para
intentar una respuesta desde la filosofía y dentro de ella, desde la axiología
o disciplina de los valores. Y decidimos dejar de lado las múltiples y variadas
explicaciones que desde las disciplinas particulares se han hecho sobre nosotros,
porque todas ellos sólo nos pueden brindar, en el mejor de los casos, una visión
parcial, de una parte de nosotros, y
por lo tanto no pueden responder a la pregunta totalizadora que se encuentra
involucrada en la cuestión sobre la naturaleza específica de nuestro ser
american
El
acceso a la respuesta qué es ser americano entendemos hallarlo por vía del análisis
de los elementos estructurales que conforman la conciencia nacional del hombre
americano. Y estos elementos constitutivos por ser elementos de la conciencia no
son pétreos, ya realizados de una vez y para siempre, sino que son
permanentemente intentados. Es decir, la conciencia en tanto
intencionalidad “tiende a ” plasmarlos, a realizarlos, pero si además
esta conciencia es “nacional”, estos elementos constitutivos deber ser
preferidos a los otros, los no-nacionales. Todo lo cual muestra que estos
elementos estructurales de la conciencia nacional no son otra cosa que los
valores que la conforman, la diferencian y le dan sentido.
Ahora bien, ¿cuáles son estos valores, de dónde surgen?
En
nuestro modo de ver surgen de la simbiosis
o mixtura de dos cosmovisiones, de dos mundos completos de valores: lo indo o telúrico y lo bajo medieval o católico que forman
con el tiempo un todo natural en sí mismo. La conciencia iberoamericana, análogamente
diferente de los elementos de que está compuesta.
Aclaramos
que lo católico no está tomado como categoría confesional sino como rasgo
distintivo que especifica la Weltanschauung
del hombre arribado a América, más allá de la nación de donde proviniera. En tanto que lo indo no está tomado como matriz telúrica
pasiva, que como el mármol se reduce a imponer ciertas condiciones de trabajo
al escultor sino que aporta la sustantiva categoría de tiempo. Claro está y es
menester aclarar como lo hace acertadamente Osvaldo Lira Pérez en Hispanidad y Mestizaje que lo católico y lo indio no son aportes
equivalentes, es decir que disten por igual en su aporte a la conciencia
americana, error éste cometido por los indigenistas. Si no que la conciencia
premoderna aporta el sentido jerárquico de los valores rechazando el sentido
horizontal de los mismos como ha venido sosteniendo la conciencia igualitaria y
niveladora posterior al comienzo de la Revolución Mundial. Aporta también el
sentido teleológico de orden a partir de la idea de bien común y no
simplemente de bienestar, entendido éste como búsqueda desenfrenada del
confort por la sociedad de consumo. Aporta asimismo la objetividad de los
valores que rechaza la disolución subjetiva y arbitraria que de los mismos
comienza a llevarse a cabo a partir del primado de conciencia. En definitiva,
aporta la visión del hombre y la sociedad como un todo, que rechaza a contrario sensu las especializaciones tan gratas al desarrollo
científico-tecnológico. Aporta esa visión holística del hombre, el mundo y
sus problemas que ha hecho afirmar a un yanqui como Richard Morse “en realidad
Iberoamérica tiene su propia cultura que es más profundamente occidental que
la de los países nórdicos(1)
Lo
indo aporta un manejo, utilización y caracterización de la categoría de
tiempo que hace absoluta y específicamente diferente, en este aspecto, a la
conciencia iberoamericana de la estadounidense con su time
is money, así como de la europea decadente con su laissez
faire. Ni el instantaneísmo tecnotrónico
ni el apuro cosmopolita tienen nada que ver con la categoría de tiempo
americano como aporte específico de la cosmovisión india.
A
este tiempo tan nuestro se lo ha confundido siempre con la “indolencia nativa
o gaucha” que los “profesores de energía” al decir de Rubén Darío
denostan junto a la holgazanería criolla simbolizada en la siesta.
Podrá
impugnársenos que esto del tiempo es un puro subterfugio de carácter más dialéctico-
entendido éste como razonamiento aparente- que filosófico, puesto que para la
filosofía desde los tiempos del viejo Aristóteles(Cfr. sus Categorías)
pasando por Kant(Cfr. su Crítica de la
Razón Pura) hasta nuestros días, la categoría de tiempo es una y la misma
para todo entendimiento humano así como lo son las de cualidad, cantidad,
relación, sustancia, etc. Pero esta manera de pensar significativa, por no
decir absolutamente europea, no comprendió por su mismo prejuicio- se creyó el
mundo y no una parte de él- que el tiempo es decodificado y vivido de una
manera diferente en otras latitudes. Evidentemente, el tiempo cronológico, el
del reloj, es el mismo para todos, al igual que el tiempo psicológico ante
situaciones similares, pero lo que es diferente es el tiempo existencial de cada
cosmovisión o ecúmene cultural de las que conforman el mundo, que se expresa
en cada uno de nosotros en el núcleo aglutinado de nuestra personalidad. Y
nuestra cosmovisión está determinada por ese tiempo tan peculiar y propio como
lo es el tiempo americano. Entendido desde siempre, ya por los europeos ya por
los colonizados culturales o por aquellos que han pensado América como imitación
de Europa como indolencia, ociosidad o gandulería.
Cuando
en realidad los que así hablaron ni siquiera pudieron barruntar que, otra
diferente de la de ellos, es la categoría de tiempo que informa la auténtica
conciencia americana. Categoría anclada en el estar
ahí propia del americano arraigado, por contraposición al ser
alguien típica de la sociedad de consumo.
Este
tiempo no es la simple permanencia en el ser que encierra la sucesión- simple
estar- sino que es la experiencia de la duración entendida como maduración. Es
acompañar con nuestro tiempo a cada ente en su tiempo.
El
concepto de tiempo como maduración no es, como creyó la conciencia europea de
un Hegel o un Keyserling, la revelación de un mundo – el americano- sin espíritu
y pegado a la naturaleza, sino que la maduración nos indica la interrelación
entre una naturaleza pródiga y no escasa, con una conciencia autóctona que
acompaña sin forzar su desenvolvimiento. Adagios como “ a cada día su afán”,
“cada cosa a su tiempo y un tiempo para cada cosa”. Y el de los cancioneros
populares “Voy despacio porque estoy apurado”, “ no por mucho madrugar se
amanece más temprano” incluso el Martín Fierro cuando nos dice que “el
tiempo es solo tardanza de lo que está por venir”, nos señalan al menos
brumosamente esa concepción del tiempo enclavado en nuestra conciencia.
Hay que observar que este tiempo como maduración, no arrastra ni
encierra totalmente a la conciencia americana en el flujo temporal de la
naturaleza – quedaríamos reducidos a simples animales- sino que el tiempo
como maduración es el ritmo mismo de nuestra móvil y fluyente existencia, que
es la que define el tiempo:”Soy yo quien es el tiempo en cuanto soy
esencialmente, paso y tránsito”, sostenía un africano como Agustín de
Hipona allá por el siglo quinto.
El segundo de los accesos a nuestra identidad, y tema de esta ponencia,
está dado en la respuesta a la pregunta ¿Qué es América?.
América
es, antes que nada, un espacio geográfico continuo que se ha diferenciado del
resto del mundo por su capacidad de hospedar(hospitari) a todo hombre que como huésped(hospitis) viene de lo in-hóspito. De la persecución, la guerra,
el hambre, la pobreza, en definitiva, de la imposibilidad de ser plenamente
hombre. América es pues lo hóspito.
América
es des-cubierta o de-velada por el hombre europeo mediterráneo, aun cuando bien
pudo ser hallada por los vinkingos antes. Pues hallar proviene de ad
y flo que en nuestra lengua significa dar con algo sin haberlo buscado, en
cambio descubrir es quitar la cobertura de algo pera de manera expresa. Existe,
pues, una intencionalidad de la conciencia en el descubrir, que no se encuentra
en el hallar, siempre fortuito.
Este
des-cubrir y no mero hallar europeo se encuentra preanunciado en la precognición
de América como aquella del Platón (Cfr.Timeo
24e) sobre la isla Atlántida más allá de las Columnas de Hércules(Estrecho
de Gibraltar), o aquella otra de Séneca(Cfr.Medea,
Chorus vers 375), donde se afirma que Océano revelará nuevos orbes. También,
ya más próximo al descubrimiento en la visión de la Cruz del Sur por parte de
Dante en la Divina Comedia, canto
primero, Purgatorio, versos 22-27.
Pero
el hecho indudable es que América como cuestión nace con el descubrimiento,
puesto que allí traslada sus diferentes utopías el hombre arribeño. En este
sentido es acertada la proposición sostenida por Eduardo O´Gorman que “el
ser de América no es otra cosa que la idea de América que tiene la conciencia
histórica de ella”.(2)
Pero
lo cierto es que el ser de América no se agota no con mucho, en las ideas de
los utopistas políticos renacentistas a la manera de Tomás Moro(Utopía),
Campanbella(La ciudad del Sol)
o Bacon (Nueva Atlántida), sino que el ser de América hay que buscarlo en
lo que América ha dado y producido
antes y después del momento axial
del des-cubrimiento, pues en ella todos somos inmigrantes. Y ese ser lo
caracterizamos como lo hóspito. Que
no es una simple apertura, sino que es un albergar que exige el esfuerzo de
fundar un arraigo, de convertirse en americano, de transformar lo óntico en
ontológico, en darle un sentido americano a América. Esta posibilidad única y
nunca más repetible en la tierra que nos ofrece América se finca
en su novedad. Novedad que no
debe inducirnos a pensar en presocratismo ingenuo, siempre inmaduro, sino que
nos exige pensar de nuevo, pensar distinto.
Lo
nuevo que nos ofrece América es la condición de posibilidad que nos permite
crear un mundo distinto, diferente a lo ya dado, al mundo conocido. Nos permite
signar la puridad de los entes, dándoles un sentido ontológico, que proviene
de nuestra conciencia hispanoamericana ciertamente deudora de dos mundos como
hemos visto.
Lo nuevo por ser nuevo no quiere decir que sea verdadero, sino que lo
nuevo es valioso cuando informa lo inerte transformándolo en un bien. Como
posibilidad de dar sentido.
La novedad de América exige entonces un trabajo arduo, como nos indicara su etimología. Trabajo que exige previamente un pro-yecto- algo lanzado previamente hacia delante- que debe ser realizado. Pero no ya desde utopías antiguas o modernas, sino desde nosotros mismos, porque debemos mandar en nuestro suelo, como también nos adelantara su segunda acepción etimológica. América pues, nos exige a los americanos no imitar para llegar a ser dueños de nosotros mismos y así fundar una estirpe. Para esto, ella nos ofrece su grandiosa matriz que definimos como lo hóspito
1.-Morse, Richard: El
espejo de Próspero, Buenos Aires, 1982, p.159
2.- O´Gorman, Eduardo: La
invención de América. Méjico, FCE. 1958,p.73
El
tercer milenio comienza en América del Sur con las relaciones de poder
totalmente trastocadas. Estados nacionales que perdieron todo su poder.
Dirigentes políticos, sociales, culturales y religiosos sin un sentido de
pertenencia ni de preferencia por sí mismos ni por los suyos. Modelo económico
de exclusión de las amplias mayorías nacionales. Con una población que oscila
en los 500 millones, el 40% está constituido por pobres, muy pobres y pobrísimos.
Sólo el 10%, alrededor 50 millones, tiene capacidad adquisitiva.
La
cuestión es saber hasta cuándo la realidad de Suramérica puede soportar la
agudización de las contradicciones de un sistema político sin ninguna representatividad ni legitimidad. Manejado por las oligarquías
partidarias a gusto e piacere.
¿ Hasta cuándo un modelo económico para hambrear pueblos puede tener
vigencia?.¿ Hasta dónde soportarán
nuestros pueblos tamaña injusticia?.
Todas
estas cuestiones y muchas otras no tienen respuesta mientras no se cree o recree
un poder nacional autónomo y soberano que decida hacer lo contrario de lo que
se viene haciendo.
Desde el punto de vista de la estrategia
internacional tiene Suramérica que proponer una distinta de la que se nos viene
imponiendo. Vayamos al grano.
b) la estrategia fluvial y marítima de dominación.
Utilizaron los grandes ríos Paraná, del Plata, Paraguay, Uruguay,
Orinoco, Amazonas y las costas atlánticas. Esta es la estrategia adoptada,
fundamentalmente, por portugueses y jesuitas en la colonización y conquista
de los grandes espacios boscosos y costeros.
Son estas dos antiguas estrategias las que sirven como antecedente
primero a lo que hoy denominamos Pacto Andino y Mercosur. Desde el punto de
vista historiográfico merecerían
un estudio detenido, pues no es este el lugar para hacerlo.
La histórica estrategia de América del Sur se manejó desde la época
de la Independencia a través de líneas de tensión. Líneas de tensión que
buscaban tanto para Brasil como para Argentina el uso directo de los dos océanos.
Lograr
el carácter de bi-oceánicos, al estilo de los Estados Unidos, o su
impedimento, ha sido la meta de estas líneas de tensión.
Así Brasil tiene dos líneas madres, una hacia
Santiago y otra hacia Bogotá. Argentina una hacia Lima y de allí a Caracas,
con lo que interfiere las líneas brasileras. Por su parte Chile con su línea
madre a Quito y de allí a San José cruza en su
desarrollo las de Brasil y Argentina.
Uruguay y Paraguay no cuentan porque, desde
siempre, medran entre las desavenencias argentino-brasileñas. Es evidente que
su actitud no es ni loable ni moralmente aceptable, pero es sabido que la relación
política no es entre buenos y malos sino entre amigos vs. enemigos. Bolivia
luego de la Guerra del Pacífico es un estado enclaustrado que depende para su
salida al mar de Argentina(vía Bermejo) y Perú (puerto de Ilo). Es “un
Estado imposible” en palabras de Juan Bautista Alberdi, subsidiado por
Argentina. Perú tiene un vínculo privilegiado con Argentina
desde el fondo de su historia pero su peso relativo en la región es muy
poco. Con Ecuador sucede, mutatis mutandi, lo mismo pero su vinculación es con Chile. En
cuanto a Colombia que sí es bi-oceánica, desde el asesinato de líder popular
Eliécier Gaitán en 1948, está partida en dos: los liberales y conservadores
por un lado, que han ejercido desde entonces el poder y las fuerzas populares
desplazadas absolutamente del mismo. Con la guerrilla marxista-Farc- más
antigua del continente, es un Estado-Nación que como Saturno se come a sus
propios hijos. Posee el récord de asesinatos políticos y de los otros. Esta
carencia de seguridad así como la existencia de una base territorial de la
narcoguerrilla fuera del control del Estado- el presidente Pastrana se retiró
de ese espacio- vienen a justificar la teoría de los Estados fracasados(failed states) que sostiene la Comisión
Hart-Rudman de Seguridad nacional de USA para convalidar una intervención
armada en la región. Sigue
Venezuela el más ajeno de los países suramericanos a Suramérica tanto por su
cuantiosa producción petrolera que lo enfeudó a los Estados Unidos su máximo
comprador como por su clase política- socialdemócrata o socialcristiana-que
respondió durante casi medio siglo más a los dictados de las internacionales
partidarias que a los requerimientos de su propio pueblo. Ha sido el ejemplo más
claro de totalitarismo partidocrático. Paraguay
y Uruguay medran entre Brasil y Argentina según convenga a sus intereses. Como
este planteo se inscribe, siguiendo a Schmitt y Freund, dentro del realismo político,
Chile no es tenido en cuenta en este análisis pues
sucede simplemente que desde
siempre la república del Arauco se aisló,
tratando de desvincular sus destinos a los de Suramérica y no existe, a
nuestros ojos, ninguna razón por la que vaya a cambiar su histórica y secular
posición.
Quedan finalmente los escándalos morales y políticos
que ofenden los mínimos sentimientos de dignidad como lo son la existencia de
factorías europeas, formalmente declaradas repúblicas independientes como son
los casos de Surinam- bastardo Estado-nación creado por la civilizada Holanda.
Guyana, dependencia inglesa poblada por 800 mil parias traídos por Inglaterra
desde todos los rincones del mundo (hindúes, chinos, mongoles, africanos).
Babel lingüística que hace incomprensible los más elementales trueques y
tratos cotidianos. Finalmente, la colonia y presidio de Francia, Guayana, como
último resabio de un colonialismo europeo que no quiere morir.
Estas tres bazofias políticas, Surinam, Guyana y
Guayana, no participaron ni participarán jamás de la historia político-social
de la América del Sur –se piensan caribeñas- hasta tanto no dejen de ser una
simple proyección europea para arrojar allí el detritus que les molesta a
holandeses, ingleses y franceses. Su participación está condicionada a la opción
por América, que aún no han realizado de motu proprio.
El nuevo planteo que nosotros proponemos es la
denominada “teoría del rombo”(*) que consiste en el reemplazo parcial de
las viejas líneas de tensión estratégica continental. Y busca una mayor
encarnadura y realismo político, habida cuenta de la opción ya hecha por el
gobierno mejicano por el ALCA y la efectiva subordinación de todos los
gobiernos de América Central y el Caribe (salvo el cubano) al poder
norteamericano.
La
exigencia de un realismo político descarnado, nos obliga a descartar por
universalista y abstracto el “latinoamericanismo” emotivo, cordialista y
grato a nuestros oídos, pero ineficaz a la hora de plantear una estrategia común
para los pueblos indoibéricos. Hablar hoy de Latinoamérica, además de ser un
error conceptual y una categoría espuria para determinarnos en lo que no-somos
(lo crea Francia, y lo adopta USA, el marxismo y la Iglesia), es un sin sentido
geopolítico porque es inviable y no plausible. Es un engaño porque es pensar
sobre una categoría sin arraigo, sin encarnadura, sin realidad. Es un
universalismo más como lo es el de “humanidad”, que no tiene manos ni pies
al decir de Kierkegaard.
Esta
exigencia de realidad a partir de la cual debemos plantear la Nueva Estrategia
Suramericana(NES) no es óbice para dejar de lado la participación los otros
pueblos americanos todos, pero claro está, ello se dará en mayor medida en que
esos mismos pueblos logren modificar la política de entrega y subordinación de
sus actuales gobiernos.
Sobre el antecedente más ilustre de la NES es
dable mencionar el de Juan Perón quien en una conferencia de carácter
reservado en la Escuela Nacional de Guerra durante noviembre de 1953 sostuvo:
“tenemos que quebrar la estrategia del arco que va de Río a Santiago y crear
una nueva para América del Sur”. Y proponía a renglón seguido la creación
de un área de unión aduanera y libre comercio entre Argentina, Brasil y Chile
denominada ABC. Parece ser que no gustó a los poderosos de entonces pues
Getulio Vargas terminó en el suicidio(1954), Ibáñez del Campo en el
ostracismo interno y Perón, dos años después, en el exilio
Para
que una acción política sea eficaz deben converger tres elementos: hombres,
medios y acontecimientos. Los hombres los tenemos, son los pueblos enteros
hambreados de la región y los cientos de dirigentes desplazados del ejercicio
del poder por los profesionales de la política. Los medios también, claro está,
que son otros que los mass media, son las paredes de todas nuestras ciudades y
los muros de nuestras fábricas cerradas. Y los acontecimientos nos son
propicios: en Venezuela Hugo Chávez está en el ejercicio del poder luego de 40
años de dictadura democrática de los socialdemócratas y socialcristianos. En
Brasil el Foro de Porto Alegre conmovió al one
world de Davos y todos los intereses que ello representa. En Perú, huyó
Fuyimori a su Japón natal y están en plena efervescencia político-social
donde se vislumbran renovadas agrupaciones en el campo nacional y popular. Y en
Argentina, el fracaso de De la Rúa
no puede haber sido mayor, nos robaron la ilusión. Nuestro país está parado
–20% de desocupación- y quebrado, entró en défault.
Ante la nada está todo por hacer y crear o, de lo contrario,
desaparecer.
La
teoría del rombo con un eje Buenos
Aires- Lima – Caracas- Brasilia como constitutivo de la nueva estrategia
suramericana es lo que proponemos en este trabajo.
Ello
permitiría la creación de un Gran Espacio con características de bi-oceánico, con salida tanto al Atlántico como al Pacífico.
Con una masa poblacional con peso específico y de carácter homogéneo –lengua
y convicciones similares-. Un gran espacio geoestratégico y geoeconómico con
materias primas (minerales, hidrocarburos, gas, granos y carnes, flora y fauna)
de primera importancia.
Cuenta
con la ventaja de no ser una creación ex
nihilo, dado que se realiza sobre el antecedente del Mercosur creación que
tiene ya diez años de vigencia efectiva (Tratado de Asunción 1991). A lo que
se le suma la experiencia del Pacto Andino.
Esta
Isla Continental que es Suramérica tiene casi 18 millones de kilómetros
cuadrados con una población que sobrepasa los 300 millones de habitantes(ver nota) cuya mayor parte vive en la franja costera que la bordea y
donde se ubican las ciudades más importantes a excepción de la reciente
Brasilia.
“El Hinterland, afirmaba hace ya un cuarto de siglo el venezolano José
Curiel Rodriguez, es una gran área del
planeta que comprende las cuencas de los ríos Amazonas, Orinoco y del Plata. Es
una vez y media la superficie continental de los Estados Unidos.”(1)
Este
enorme territorio encerrado en este rombo imperfecto que expresa geométricamente
nuestra teoría se encuentra prácticamente despoblado y genera las ambiciones
de dominio de las potencias hegemónicas a través de teorías tales como la de
“soberanía limitada” o acciones
concretas como la compra de grandes territorios por sociedades estatales
extranjeras. Con justa razón ha
observado el politólogo Adolfo Koutoudjian que “Si comparamos con Asia o Africa, lo llamativo de este sub-continente es
el enorme vacío central. Es la gran asignatura pendiente de la geopolítica
suramericana. Seguimos siendo un continente poblado en sus costas que aún está
avanzando hacia su interior. Esta situación implica un gran desafío geopolítico
y económico para las posibilidades de realización y desarrollo de las patrias
suramericanas. “El Dorado” aún puede estar en el interior continental”(2)
Entre
los megadatos que nos ofrece este corazón suramericano es que genera el 30% del total de agua
dulce del mundo y recursos hidroeléctricos incalculables.
Pero sobretodo es dable destacar la inteconexión
fluvial de Suramérica que en el siglo XVI utilizaran los conquistadores españoles
y que luego de cinco siglos permanece prácticamente en las mismas condiciones.
La vinculación hidrovial entre los ríos Orinoco y su delta con el Negro,
Amazonas, Madeira, Guaporé o, por otro lado el Tapajós y su delta vinculado al
Paraguay, Paraná y del Plata permiten la cómoda navegación desde Buenos Aires
a Caracas. Si a este sistema incorporamos los ríos Meta, Caqueta, Ucayali, Marañon,
Mamoré, Madre de Dios ello permite el tráfico fluvial entre Venezuela,
Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina. Nueve
de los diez países suramericanos. Esta es una realidad al alcance de la mano que un mínimo
esfuerzo de los Estados involucrados se pondría en movimiento.
Así,
esta hidrored, veloz, barata y segura permitirá la conformación de un espacio
autocentrado en economía, ampliando el Mercosur y el Pacto Andino, con lo que
su recurrencia a los mercados exógenos pierde el carácter de obligatorio como
sucede hoy día, pues puede llegar al autoabastecimiento sin dificultades mayúsculas.
El
carácter de autocentrado de este gran espacio está garantizado tanto por las
producciones básicas como por la complementación tecnológica que, de hecho,
realizan los países involucrados en el mismo. Así Argentina se ha
destacado desde siempre en la producción de carnes y granos(la cosecha
2000-2001 llegó a la friolera de 67 millones de toneladas) y en las últimas décadas
en el aprovechamiento nuclear de la energía.(centrales atómicas, tecnología
misilística). Brasil en la tecnologìa armamentista, subacuática,en
medicamentos e informática así como en la producción de alimentos elaborados.
Perú en industria pesquera. Bolivia y su industria minera. Ecuador en la
tecnología farmaceutica indiana en medicina no-alopática. Venezuela con su
capacidad petrolera y derivados. Paraguay y su capacidad horticultora y
florifrutícola.
La
capacidad productiva y tecnológica complementaria de todos nuestros países de
la América del Sur le garantiza la automomía y rompe la dependencia respecto
de los otros mercados mundiales. Y lo trágico, y lo risible, es que esta
capacidad está, que existe, o al menos existió. Y si bien fue desmantelada por
los poderes exógenos para un mayor y mejor dominio sobre nosotros, es de fácil
restauración. No hay que crear ex nihilo sino sólo reparar.
El
eje Lima-Caracas es fundamental para la estrategia particular del Brasil pues
pone coto a la injerencia internacional sobre la Amazonia. Intervención que se
ve venir bajo excusas como el Plan Colombia para
combatir al narcoterrorismo por parte de las tropas norteamericanas, tarea que Colombia no puede realizar solo. Es sabido que también
desde centros europeos de poder, sobretodo los estados nórdicos, han propuesto
considerar la Amazonia de soberanía limitada por parte del Brasil, con el
argumento de que proteger la flora y fauna del pulmón del mundo.
Cabe
hacer notar acá que esta línea de tensión cuenta con un antecedente ilustre:
el de San Martín, quien persiguiendo por el gran río a los españoles libertó
la región de Maymas (Amazonia peruana). El historiador peruano Víctor Andrés
Belaúnde nos recuerda al respecto: “Nos
dice un documento español de la época que San Martín al liberar Maymas se
propuso comunicarse con Europa a través del Amazonas. Este ideal del padre de
la Patria y de su gran ministro Unanue, tenía que marcar el rumbo a la política
peruana.”(3). Vemos como el General San Matrín adopta durante su gobierno
en el Perú una estrategia fluvial. ¿ Se deberá eso, al hecho de ser oriundo
de la mesopotamia argentina, ese complejo formado por los ríos Paraná,
Paraguay y Uruguay y colonizado por los jesuitas?.
En
cuanto al eje Caracas-Brasilia le permitiría a Hugo Chávez consolidarse en el
poder, porque contrapesaría la marcada influencia cubana en su gobierno, que
por reacción en contrario genera naturalmente golpistas, alentados y
financiados por los centros de poder mundial que ven en esta influencia peligrar
sus intereses más inmediatos.
Tanto Brasil como Argentina
están obligados a un doble esfuerzo de persuasión
y de aspiración con respecto a Venezuela y Perú. De
persuasión respecto de la adopción de esta estrategia del
Rombo en cuanto a los beneficios que redundaría y de aspiración como el
mecanismo natural de movimiento político de toda la región.
Finalmente
cabe recordar que el eje Brasilia-Buenos Aires fue descripto por el pensador
peruano Francisco García Calderón hace ya casi un siglo, cuando sostuvo proféticamente: “El ochenta por ciento del comercio sudamericano corresponde al Brasil y
la Argentina reunidos. Situados frente al Atlántico, el océano civilizador,
son para el Nuevo Mundo los canales necesarios de la cultura occidental”(4)
La
consolidación de este eje es de vital importancia en la construcción de un gran espacio suramericano de lo contrario perderemos definitivamente
la posibilidad de ser y existir en forma libre y soberana en el mundo. Ello lo
afirma categóricamente el pensador brasileño Helio Jaguaribe en un reciente
reportaje: “ Si no logramos la
consolidación del Mercosur y si no logramos constituir un área de libre
comercio en Suramérica mediante un pacto apropiado entre nosotros y el Pacto
Andino, estamos condenados a ser absorbidos por alguien en el 2005. En el
momento que se constituye ALCA perdemos soberanía, pasamos a ser dependientes
de fuerzas externas a la nuestra”(5). En
este sentido es atingente pensar que así como USA pretende impedir la Unión
Europea alargando la OTAN hacia el Este, en una incorporación permanente de
naciones que hagan finalmente imposible dicha Unión, de la misma manera
pretende alargar el Mercado de Libre Comercio hasta la Antártida, absorbiendo
así a toda la América sudcentroamericana.
A
la potencia mundial talasocrática- aquel imperio cuyo poder radica en el
dominio de los mares- que busca absorber nuestra
región al ALCA – Tratado de libre comercio desde Alaska a Tierra del Fuego-
enunciado por G.Busch ante el parlamento de Estados Unidos en 1991 y enmarcado en el proyecto de one
world- esta Nueva Estrategia Suramericana(NES) propone la creación de un
“puente con la Unión Europea ” y en particular con las naciones
que nos son afines tanto por lazos culturales –
España, Portugal, Italia, Francia- cuanto por las inmensas inversiones
que realizaron en nuestra región. Inversiones que los atan firmemente a los
destinos de Suramérica, aunque más no sea en defensa de sus intereses
empresariales.
La
estrategia de la región no debe agotarse en este “puente
con Europa” sino que debe proyectarse hacia la Antártida para poder
discutir con poder en el siglo XXI sobre ese continente internacionalizado por
el Tratado Antártico.
Esta
estrategia debe continuarse hacia las naciones del África atlántica – Camerún,
Guinea Ecuatorial, Angola y su proyección a Mozambique, con las que compartimos
similares cosmovisiones. Ello permitiría hacer del Atlántico Sur una especie
de Mare Nostrum , como observara
sagazmente el ilustre pensador portugués Antonio Sardina (1887-1925), al modo
como lo fue el Mediterráneo para los europeos meridionales en la antigüedad.
Sobretodo
se debe trabajar sobre el Atlántico, habida cuenta que como muy bien afirma el
General Heriberto Auel “en
el siglo XXI el Pacífico será el océano político, así China,
el antiguo Imperio del Centro que tradicionalmente no ha salido de sus
fronteras, navega hoy con una
Fuerza de Tareas las costas americanas del Pacífico”(6), de modo tal que
la ocasión nos es propicia para fijar una estrategia sobre el Atlántico, que
ha perdido interés para la potencia talasocrática mundial. Aun con marcadas
diferencias respecto de nuestra propuesta, también el General brasileño Carlos
de Meira Mattos, destacado especialista en temas geopolíticos también propone
una estrategia Atlántica.
Plantear
esta NES desde el movimiento obrero organizado argentino, disidente con el orden
neoliberal de aplicación en la hora actual y su modelo político económico de
exclusión de las grandes mayorías nacionales y populares en la participación
de las decisiones que afectan los destinos de nuestros pueblos, es un signo más
del cambio epocal a que estamos asistiendo.
Así
como nuestros políticos han perdido toda credibilidad y prestigio debido a que
las oligarquías partidarias usufructúan del poder para beneficio propio. Los
candidatos son siempre los mismos y no tan solo los padres sino los hijos,
nietos, sobrinos y parientes. De la misma manera nuestras cancillerías no están
en condiciones de fijar ninguna política exterior habida cuenta que a partir de
la tesis del “no-conflicto” del canciller de Alfonsín y de
“la de las relaciones carnales con USA” del canciller de Menem,
nuestro país quedó sometido “ a ser el de abajo” en las relaciones
internacionales.
Ante estas dos gravísimas abdicaciones proponemos
esta Nueva Estrategia Suramericana.
La CGT disidente que dirige Hugo Moyano, el Centro de
Estudios Peruanos, sindicalistas del Frente Bolivariano de Trabajadores de
Venezuela y de la CGTB de Brasil reunidos en Buenos Aires en la sede del Smata
los días 29 y 30 de marzo de 2001 a propósito del Primer Encuentro del
Pensamiento Estratégico de la Patria Grande sostienen y proponen esta teoría
como una alternativa concreta al modelo neoliberal en el plano de la política
internacional. Siendo conscientes que la gran cuestión, como sostiene el filósofo
Alberto Wagner de Reyna es: “¿Puede el
espíritu contrapesar el mercado?. Sabemos, al menos, que hay acciones y rentas
morales que no juegan en la Bolsa. Es menester demostrar que los pueblos son
valores superiores a los “valores” cotizados en Bolsa. Los pueblos llegan a
su felicidad por la afirmación de sus propios valores.(7)”
Nota:
La población estimada de Suramérica a mediados de 2001 se distribuye
aproximadamente así:
Brasil:
175 millones
Colombia:
40
Argentina:
36
Perú:
26,5
Venezuela:
24
Chile:
14
Ecuador:
12
Bolivia:
8
Paraguay:
7
Uruguay:
3,5
Total
346
millones
En
cuanto a la distorsión geográfica de los mapas mundiales en uso es dable señalar
que el científico alemán Arno Peters ha sido recientemente el primero en
denunciar la falsedad del mapa
mundi desarrollado por el cartógrafo Mercator (Gerhard Kremer) en 1569 y
que desde entonces ha sido de uso universal. Así puede verse el paradigma
eurocentrista de Mercator en el siguiente mapa en donde Suramérica con 17,8
mill.de km2, aparece más pequeña que Europa con tan solo 9,7mill.de km2.
Arno Peters – Cartografía - año 1998
1.-Curiel Rodriguez, José:
Pensando en Venezuela, Ed.Cultural
Venezolana, Caracas, 1978, p.23
2.-Koutoudjian, Adolfo: Geopolítica
sudamerinaca,en revista “Octubre Sudamericano”, Bs.As. N° 0, dic.2000.-
3.-Belaúnde, Víctor
A.: Peruanidad, Lima, 1983, p.354.-
4.- García Calderón:
Francisco: La creación de un continente, Biblioteca de Ayacucho, Caracas,
1978, p. 305.-
5.- Jaguaribe, Helio:
Reportaje en revista “Línea”,
Buenos Aires, octubre 2000.
6.- Auel, Heriberto: El
océano político, Academia argentina de asuntos Internacionales, Buenos
Aires, 2001, p.8.-
7.- Wagner de Reyna,
Alberto: Crisis de la aldea global, Ed.del
Copista, Córdoba(Arg.), 2000.
(*)Ha sido el
sindicalista Horacio Ghilini quien bautizó esta teoría.