PARQUE NACIONAL NAHUEL HUAPI PATAGONIA ARGENTINA 

 

            En la región del Parque Nacional Nahuel Huapi, la vida del bosque andino se funde con la estepa y el resultado es una transición entre los ambientes húmedos y verdes y la dorada ondulación de los pastizales. La necesidad de proteger la variada vida silvestre de este lugar, junto al testimonio que guarda de sus habitantes originarios, lo convirtió en el año 1934, en la primer área natural protegida del país.

            La zona norte del Parque Nacional ofrece al visitante un gran abanico de atractivos. Ríos y arroyos corren entre las curiosas formas del Valle Encantado. Al este, la inmensidad de la estepa, pero hacia el oeste, la humedad del Océano Pacífico permite el desarrollo de tupidos bosques que enmarcan a los siete Lagos.

            Desde la parte oriental del gran lago Nahuel Huapi, nace el río Limay, en cuyos primeros 50 km. de recorrido se lo puede conocer en su aspecto natural. 

            En un paisaje de colinas, a 32 km. de Bariloche, este río de una vuelta y sorprende cuando es enmarcado por un anfiteatro natural. Esta cuenca semicircular y de escarpadas laderas, fue excavada por acción de los glaciares y, a lo largo del tiempo, continuó siendo desgastada por la acción del río sobre sus costas.

            En la zona cercana a este río se puede apreciar la vastedad de la estepa, ese ambiente donde el viento que sopla del oeste barre la Patagonia con fuerza y tenacidad, evaporando la humedad y creando un clima de extrema aridez.

            En un entorno de tonos amarillentos y ocres-verdosos se combinan los  coirones, esas matas doradas de pastos duros, con arbustos redondeados, como el neneo, que viven adosados al suelo para protegerse del viento y de la seguía. Sólo árboles como el sauce y el maitén crecen en aquellos suelos húmedos,  a orillas de los ríos y en los cañadones más resguardados del viento.

            En este ambiente viven animales como el tucu-tucu, roedores de gran tamaño que habitan madrigueras subterráneas y emiten un curioso sonido de golpeteo al comunicarse entre vecinos. Todavía es posible observar al macho dominante de una tropilla de guanacos ubicarse en una loma como vigía, desde donde divisa los peligros mientras los otros miembros de la tropilla pastan y ramonean.

            Confluencia, a 67 km. de Bariloche, es el paraje donde se encuentran dos de los ríos más caudalosos que surcan esta región: el Limay y el Traful.  Sin embargo, ya no es posible apreciar el choque entre estos dos colosos debido a que el área fue inundada por las aguas del embalse de la represa de Alicurá. Hoy el aspecto de este lugar es el de un gran lago.

            En esta zona, las serranías están coronadas por curiosas formaciones de origen volcánico, que asemejan castillos y catedrales góticas. La gran variabilidad en la dureza de sus rocas, provocó que la lluvia y el viento las fueran desgastando de manera despareja, tallando las llamativas figuras que dan el nombre a la zona: Valle Encantado. Algunas formaciones fueron bautizadas por la fantasía popular, como “el dedo de Dios” y “el centinela del valle”, etc. Bosques y matorrales abiertos ocupan estos ambientes de transición, donde el ciprés de la cordillera domina el paisaje.

            Sobrevolando, majestuoso, el cóndor encuentra aquí lugares adecuados de nidificación y dormideros, así como abundante alimento en los animales muertos de la cercana estepa.

            Los hallazgos en algunas cuevas cercanas al lago Traful testimonian la presencia de grupos indígenas que poblaron esta región hace aproximadamente 10.000 años atrás. Sus paraderos se establecían según una necesidad básica: la presencia de cursos o reservorios de agua dulce necesarios a todo asentamiento humano y animal.

            Búhos y lechuzas alternaron con el hombre el uso de estas cuevas, donde se han encontrado piedras talladas por el río, instrumentos hechos de piedra y hueso, restos de fogones y huesos de los animales cazados: principalmente guanaco, que el hombre primitivo usaba como alimento y abrigo. También se hallaron restos de felinos, piche, liebre patagónica, ñandú, avutarda y mejillones de agua dulce.

            Al oeste la dorada ondulación de la estepa, deja lugar a los bosques siempre verdes: el coihue es el gigante que domina el paisaje, acompañado por un espeso cañaveral de caña colihue, donde suena el típico repiqueteo, sobre los troncos, del pájaro carpintero. Oculto en la espesura del bosque, deambula el pudú, el ciervo más pequeño del mundo, y en los huecos de los árboles, pasa el invierno el monito del monte.

            La humedad del ambiente en esta zona noroeste del Parque vuelve a presentarnos un paisaje de montañas salpicado de lagos y ríos, donde patos, bandurrias y cauquenes, son sólo algunos de los representantes de la variada avifauna del lugar.

            Este ambiente es el del Corredor de los Siete Lagos, circuito turístico que encadena una serie de lagos accesibles a través de la ruta 234. El camino permite llegar a los lagos Espejo, Espejo Chico, Correntoso, Escondido, Villarino, Falkner y, al conectarse con la red de circuitos del Parque Nacional Lanín, se continúa por los lagos Hermoso, Machónico y Lácar.

            En todos los cursos de agua abundan las truchas, lo que da la posibilidad de la práctica de la pesca deportiva que atrae a fanáticos del mundo entero.

            Todos los Parques Nacionales de la Patagonia Andina constituyen una reserva natural inapreciable para el mundo. Ayudemos a cuidarlos entre todos como patrimonio de las futuras generaciones.

 

LIC.  AURORA FIORENTINI

BARILOCHE  -  ARGENTINA