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La
Argentina ha conocido numerosos casos de emprendedores y pioneros. Gente
imbuida de un especial sexto sentido y de un enorme amor por su tierra.
Seres dotados de una privilegiada visión y un espíritu a prueba de
escollos, han hecho valiosos aportes al desarrollo y divulgación de
vastas zonas de nuestro país de indudable belleza natural. Entre ellos,
bien pueden incluirse a Michel y Silvina Bicquard.
Confiesan ser enamorados de la Patagonia, y en especial de un prodigio de
la naturaleza como es el glaciar Perito Moreno, en la Península de
Magallanes, provincia de Santa Cruz. Un colosal atractivo natural
merecidamente declarado como Monumento de la Humanidad por la Unesco.
El Glaciar Perito Moreno es una masa de hielo "en movimiento",
de 60 a 80 metros de altura y 5 kilómetros de extensión. Uno de los
pocos glaciares del mundo que, en vez de reducirse, avanza a razón de un
metro por año sobre el Lago Argentino, provocando con su paso de gigante
espectaculares roturas. Estos resquebrajamientos se repiten en arbitrarios
ciclos de 4 años (aunque hace 10 años que no se repite el increíble
espectáculo de ver –y oír– su gélido derrumbe).
Al caer, los gigantescos témpanos son devorados por las aguas del lago,
ocasionando un espectáculo único y sobrecogedor.
Aunque
mucho más modestos, en tamaño y ruidosidad, continuamente, de día y
noche, se producen resquebrajamientos y caídas de trozos de hielo.
Las sonoras roturas pueden ser apreciadas tanto desde las galerías de
observación, como a bordo de las dos embarcaciones que acercan a los atónitos
visitantes, prácticamente, hasta una decena de metros de la mole blanca.
Frente a este indescriptible panorama, los Bicquard construyeron, en el
Parque Nacional de los Glaciares (concesión mediante) y contra todas las
adversidades (está a 380 km del aeropuerto de Río Gallegos y 3 horas de
vuelo desde Buenos Aires), una encantadora hostería: "Los Notros",
que lleva el nombre de una planta de pequeño fruto que abunda en la zona.
"Los Notros" está enclavada en una pendiente de la montaña,
donde la imagen del glaciar puede ser observada desde todas las
habitaciones y ámbitos del lugar.
La
intrépida pareja debió afrontar hasta un incendio que fue capaz de
reducir la hostería a cenizas sin afectar el entusiasmo y la voluntad.
Porque igual que el ave fénix, que en nuestra Patagonia adopta el nombre
y forma de "cóndor", resurgió en ellos el mismo espíritu
emprendedor, construyendo –con delicado estilo y notoria dedicación
personal– la hostería que hoy deslumbra con su propuesta de buen gusto
y confort.
Amanecer en cualquiera de sus cuartos es una sensación impagable.
En "Los Notros" también se rinde homenaje a los sabores de la
buena mesa y en especial de la comida regional patagónica, rica en
ahumados, patés, hongos, quesos, truchas, cordero al asador y los clásicos
postres regionales.
En oportunidad de nuestra estada en el lugar, una conocida chef, Doli
Irigoyen, nos deleitó con exquisiteces vernáculas matizadas con nobles
vinos de la bodega Viniterra.
Como nadie es profeta en su tierra, en "Los Notros" es más fácil
encontrar europeos, norteamericanos y japoneses que argentinos. Vienen
atraídos con las maravillas que escuchan en sus países sobre la belleza
incomparable de ese lugar mágico.
Y quien se aloje en "Los Notros" tendrá todo pensado, incluidas
salidas y excursiones y cuyo exponente máximo es el trekking sobre los
mismos hielos, con grampones de hierro sobre el calzado.
Al
viajero le llamarán la atención los objetos que decoran el lugar y la
gran cantidad de pequeños pájaros inanimados que adornan las mesas de la
hostería, al igual que la pajarera enorme, en su lobby, poblada de aves
de tan verdadero plumaje como trino.
Claro que el pasajero futuro no conocerá ninguna de las vicisitudes que
los Bicquard enfrentaron en sus orígenes. Ni siquiera tendrán que lidiar
con las enormes distancias que separan al aeropuerto más cercano (cinco
horas de traslado terrestre, aunque plenamente justificadas).
Quienes lleguen a estas tierras patagónicas hacia fin de año, podrán
estrenar un nuevo aeropuerto en El Calafate.Por lo que sólo una hora y
media de traslado terrestre será el tiempo necesario para encontrarse con
ese lugar paradisíaco tan alejado de todo y tan cerca de Dios.
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