Argentina, Cavallo, Seguridad Jurídica, Nuestra
capacidad para crear o perder aun más la confianza o desconfianza del mundo
hacia nosotros como pueblo y como nación, y nuestro mismo futuro como país,
es lo que está en juego en este momento y en los próximos meses.
Argentina, por encima de todo, es o tiene que
ser un pais responsable, en primer lugar, por si mismo y su pueblo; y,
al mismo tiempo o a partir de allí, con la región y todo el mundo que lo
rodea. No podemos ni debemos darnos el lujo o el masoquismo de la
inestabilidad que nos lleva desde las bajuras a las alturas y de vuelta a
las bajuras, solo, pura y exclusivamente, por el hecho de que no asumimos
nuestras propias responsabilidades para con nosotros mismos, y,
consecuentemente, para con todos los demás.
En nuestra cultura, en lugar de cultivar el
conocimiento y la investigación austera de la realidad, para en efecto
actuar sobre ella a partir de nuestra más completa comprensión posible de
la dinámica de la misma, actuamos reactivamente, dando el gusto a nuestros
más bajas pasiones, como por ejemplo, la de la venganza, la del desquite,
la de sacarnos el clavo. Y, aunque así no lo sea y hayan buenas razones, más
allá de la de las de estas bajas pasiones, no damos la impresión de que así
sea. Lamentablemente, como en el caso de Cavallo, por más que hayan razones
para que esté detenido y para que al final sea justamente condenado,
estamos dando la impresión, a nosotros mismos, y al mundo, que nos estamos
vengando. O, igual o peor aun, que tenemos una justicia en la que el
protagonismo individual de algunos, aprovechan situaciones como ésta, para
proyectarse y hacerse aplaudir, por los más vengativos que, por la lógica
del momento actual, predominan sobre los que pueden ser y son más
ponderados dentro de nuestra sociedad.
Frente a esta terrible realidad, en el exterior,
casi unánimemente, con voz al cuello, con silencios altamente
significativos o con evasivas diplomáticas de todo orden, nos están
condenando como a un país, o peor aun, como a un pueblo en el que, por un
lado, predomina y se impone la inseguridad jurídica rampante y depredante
de nuestras potencialidades y perspectivas nacionales. Y, por la otra, más
lamentable, aún, como un pueblo desespiritualizado y vengativo, en el que líderes
como Elisa Carrió, simplemente muestran su satisfacción y complacencia, a
pesar de que ella, como jurista y abogad, y sobre todo como persona, sabe
las consecuencias que medidas como éstas tienen para la imagen del país, y
para la imagen de su sistema judicial.
¿Dónde está nuestra capacidad para
sobreponernos a lo más bajo de nuestras pasiones, y así dar lugar a que la
justicia, tal como la describen, se base, ciegamente, en la equidad y el
equilibrio de los acontecimientos y de las personas que en elllos
intervienen? De esta respuesta, si es que hay un lugar en el que esa
capacidad está o puede despertarse en el mundo invisible de nuestras
conciencias, podemos esperar que en efecto contemos con un mínimo de
capacidad para ganar la confianza y respeto que necesitamos, como pueblo y
como país, para merecer que ese respeto y confianza, teniéndolos para con
nosotros mismos, los demás en el mundo pueden tenerlos para nosotros como
pueblo y como país.
De ésto depende nuestro futuro, ahora y después.
No nos enageñemos, no podemos seguir con nuestros caprichos egóticos
descontrolados y primitivos, tal como le hemos venido haciendo hasta ahora,
y como, al parecer, lo seguimos haciendo, o lo queremos seguir haciendo.
¡Argentinos, Despertemos! Confiemos en nosotros
mismos, para que puedan confiar en nosotros, y para que la justicia con mayúscula,
pronta y cumplida, pueda en realidad imponerse y bendecirnos, en lugar de
que la justicia con minúscula que hoy tenemos y aprobamos, nos siga
construyendo el clima de desconfianza y oprobio que se enseñorea en todas
las manifestaciones actuales de nuestra vida nacional
Alberto D.R. Salinas Goytia