UNA FAMILIA DE LUTHIERS, LOS BALSAMO

 

Ya que estamos hablando de la región Campania, quería contarles una historia muy interesante de una familia, que vivió en Montoro Inferiore, provincia de Avellino, hasta el 1889.

Es la Historia de Michele Balsamo, nacido el 28 de agosto de 1863, de profesión: luthier  (liutaio).

 

Michele y su joven esposa, Lucia, zarparon de Napoli en el vapor denominado “Vittoria” en  1889. Se instalaron en  Adrogué, 24 kilómetros al sur de la Capital de Argentina. Allí Michele montó un taller y comenzó a trabajar, con toda naturalidad  y comodidad, como lo hacía en Italia. Ya traia consigo el valioso arte de diseñar y construir instrumentos musicales de cuerda, asi que sin dudarlo, utilizó esta abilidad como forma de sustento para mantener a la familia.

 

Conoció a otros italianos, paisanos compañeros de charlas, de juegos de naipes y de añoranzas de una país al que nunca volverían.

 

Según contaban sus amigos, Michele se adaptó rapidamente a la  forma de vida argentina y aseguró que prolongaría su apellido dando hijos a esta tierra. Cumplió su promesa, tuvo 8 hijos. Uno de ellos era Miguel, nacido en 1903.  El luthier vió en este niño al sucesor de su obra,  tal es así que Miguel aprendió a gatear entre virutas y a jugar con las herramientas de su padre en el taller.

Vivieron 33 años juntos, tiempo suficiente para transmitirle “tutti i segreti del mestiere”. Michele falleció en 1936. A su hijo  Miguel le siguieron Miguel Angel  y Ricardo  y sus respectivos hijos.

 

Por varios años, estas 3 generaciones  de Balsamo trabajaron juntos, construyendo violines, guitarras y mandolines con la misma pasión y dedicacion de su antecesor italiano, siguiendo rigurosamente sus técnicas, utilizando las mismas herramientas y el mismo taller. En 1979  falleció Miguel (hijo del italiano), pero la tercera y cuarta generación siguieron con la actividad.

 

Para saber más de la historia, hablé con ellos. Me contaron que Michele trajo de Italia  las herramientas, las colas (que eran derivadas de pescado y se preparaban a baño María) y algunas maderas especiales.

Para las cajas de violines y mandolines utilizaban principalmente madera de Haya. Ahuecaban el fondo  de los violines dándole la forma y el espesor deseado. Los cascos de los mandolines se armaban sobre moldes colocando tiritas de madera muy finas, pegando una por día a cada lado del armazón, alternándolas con las cenefas. Le hacían incrustaciones de marfil y nácar formando dibujos, nombres o iniciales, todo  muy delicado. Para las guitarras  utilizaban jacarandá, nogal y haya., las tapas de todos los instrumentos eran de abeto. Los diapasones eran de ébano.

 

Una curiosidad: me cuentan que una vez construyeron un violín con la madera de un Eucalipto caído a causa de un temporal en la Plaza Brown de Adrogué (Eucalipto que tal vez otrora fuera sombra inspiradora de Borges para escribir uno de sus libros). El violín fué utilizado ( a modo de  préstamo) por el violinista Orlando Moresino, segunda voz de violín de la Orquesta Filarmónica JUAN DE DIOS FILIBERTO.

 

Los trabajos los hacían por encargue o para regalar a amigos y médicos. Hacían instrumentos especiales y originales, guitarras con forma de S, bandurrias con forma de “lira” o violines corneta. Algunos de estos instrumentos fueron expuestos en el museo de Almirante Brown.

 

Cuentan que la renombrada concertista de guitarra Maria Luisa Anido, traía instrumentos de Rusia y Brasil para ser modificados. Mientras visitaba el taller, probaba los instrumentos construidos por Michele (el italiano) e interpretaba alguna pieza.

En varias oportunidades repararon instrumentos del Señor Capot, que contaba que su madre  había venido de Francia con él y un amiguito, que era nada más ni nada menos que Carlos Gardel.

 

El contacto con los instrumentos y con la gente del ambiente, llevó a Miguel Angel (tercera generación) a incursionar en el mundo del tango como violinista. Formó una orquesta con amigos y conocidos que  tocaban en programas de televisón, teatros y salones de baile .

 

Pero la orquesta quedó en el pasado, como un lindo recuerdo, como así también la construcción de instrumentos de cuerda. Con la llegada de la producción a escala industrial, con costos bajos, lo artesanal fue perdiendo espacio en el mercado, debiendo reemplazar esta actividad por otras.

 

Miguel Angel (tercera generación), rastreó durante décadas un mandolino hecho por encargue en Argentina, en  1912,   por su abuelo italiano, Michele. Finalmente en 1998 lo encontró, lo recuperó y se lo regaló para el cumpleaños a su hijo Miguel Angel (cuarta generación). Fué el regalo más valioso que jamás haya recibido en toda su vida, y aunque ya no construyan instrumentos, mientras quede vivo el recuerdo y se transmita de generación en generación, la historia de Michele Balsamo, de profesión Liutaio, seguirá viva. 

 

Rosana D’Apice

balsamo@bariloche.com.ar

09/12/01