CORRUPCION, ETICA Y SOCIEDAD CIVIL

La reciente aparición del libro titulado "The Third Force: the rise of transnational civil society" (1), integrado por una serie de artículos cuya compilación debemos a Ann Florini, constituye la oportunidad para reflexionar sobre el rol que le cabe a la sociedad civil transnacional en la denuncia y rechazo al extendido fenómeno de la corrupción. Desde hace algunos años asistimos a la reacción de numerosos sectores ciudadanos que a través de organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales y otras formas de expresión, movilizan en red a un número cada vez mayor de personas e instituciones, en una exigencia de decencia planetaria, de cambio de rumbo y de responsabilidad frente a las futuras generaciones. Esta avanzada cívica se expresa en múltiples formas y en diversos frentes, y este es, justamente, el núcleo central del libro compilado por Ann Florini, quien sostiene que la exigencia de respeto a los derechos humanos, de desarme efectivo, y de desarrollo sostenible para todos, son tópicos comúnes de interés y reclamo. Y en este marco, la lucha contra la corrupción guarda un lugar esencial. Hace unos meses se celebró en la ciudad de La Haya el Segundo Foro Mundial sobre la Lucha contra la Corrupción (2), ocasión que fue aprovechada por las organizaciones de la sociedad civil para confirmar sus compromisos en la denuncia y combate a este flagelo contemporáneo. Entre ellas estuvieron el Instituto Humanista de Cooperación al Desarrollo (Hivos) y Transparencia Internacional (TI), quienes colaboraron con la adopción de un texto destinado a sentar las bases de un futuro instrumento legal de las Naciones Unidas contra la corrupción.
El Foro sirvió, además, para destacar las trágicas consecuencias que trae aparejado el incremento de la corrupción en nuestras sociedades. No sólo es uno de los principales factores subyacentes a las violaciones de los derechos humanos de todo género; sino que inclusive genera inestabilidad y conflictos políticos.
Prueba de ello resulta que la mitad de los conflictos armados actuales tienen más de diez años de antigüedad, generan gran cantidad de refugiados y no están en vías de resolución. Que la epidemia del sida ha adquirido dimensiones extraordinarias en el continente africano, y que hasta el día de hoy países enteros continúan sin tener los medios necesarios para socorrer a sus poblaciones víctimas de periódicas inundaciones que afectan gran parte de su masa territorial. Concluyó el Foro que la corrupción exacerba la pobreza y la desigualdad, frena la inversión y el desarrollo económico, erosionando cada uno de los valores que nosotros, los ciudadanos globales, compartimos. En Pos de una Nueva Etica.
Plantea Florini que la sociedad civil transnacional se encuentra inspirada en una nueva ética planetaria que alberga sus raíces en las órdenes Sufis, los misioneros Católicos y los monjes budistas, quienes por siglos han llevado a cabo una praxis a través de amplios espacios territoriales. Que surgieron luego las primeras versiones modernas en ocasión de la campaña internacional contra la esclavitud, en el siglo 19, cuyos principales protagonistas fueron los movimientos Protestantes (Quakeros, Metodístas y Baptístas).
En palabras de Vicent Fisas (3), titular de la Catedra Unesco sobre Paz y Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Barcelona, en la actualidad se trata de "avanzar hacia una ética planetaria que guíe las políticas públicas y el día a día de todos los colectivos sociales". Vislumbra en el inicio del nuevo siglo la posibilidad de revisar a fondo aquellas dinámicas sociales, económicas, políticas y ecológicas que marcan el presente y que condicionan el devenir de la humanidad.
Así, frente a nosotros se abren el deber moral y la responsabilidad de conocer y debatir aquellas tendencias que continúan provocando exclusión, deterioro ambiental, pérdida de oportunidades, desequilibrios e injusticias, ya sea a nivel regional o internacional. Y en tal sentido cabe auspiciar una estratégia de acción y reflexión que comprenda a los medios sensibles de comunicación, a las organizaciones sociales y organismos internacionales, cuyo despliege coordinado a nivel trasnacional ha experimentado éxitos en áreas tan dispares como la campaña por el acceso a los medicamentos y la prohibición de las minas antipersonales.
La estrecha interrelación entre la pobreza, la degradación ambiental y la injusticia social, torna necesaria esta acción conjunta capaz de conformar, poco a poco, lo que Fisas llama "un nuevo pacto ético de la humanidad". Este nuevo consenso permitirá en adelante proteger más eficazmente el medio ambiente amenazado por una práctica económica depredadora y denunciar los efectos perversos y excluyentes de la actual globalización. Una práctica corrosiva.
El Foro Global sobre la Lucha contra la Corrupción es una iniciativa destinada a desarrollar principios de acción eficaces para prevenir y reprimir la corrupción en todo el mundo. Por eso hace un llamamiento especial a todos aquellos países cuyas instituciones encubren los delitos perpetrados por sus funcionarios públicos, enriquecidos ilícitamente a costa de saquear sus naciones y empobrecer a sus pueblos.
Especial destinatarios son los Estados del hemisferio norte y las instituciones financieras internacionales, a quienes les solicita cooperar en la devolución de los bienes sustraídos en las naciones más afectadas, particularmente aquellas del continente africano. Asimismo, reclama la implantación de sistemas de cooperación mutua y ejecución de cuestiones judiciales en aras a garantizar que nadie pueda ocultar los beneficios obtenidos a través de métodos y operaciones ilegales.
El reto formulado a los gobiernos representados en el Foro Global está destinado a impactar en la estructura misma de los Estados. Tal es el objetivo de avanzar en el desarrollo de la legislación penal y, concretamente, en la tipificación de las diversas manifestaciones de la corrupción; la creación de instituciones independientes y procedimientos idóneos para su investigación y enjuiciamiento, ya sea que los actos se hubiesen cometido en el territorio nacional o en el extranjero ¿Hay lugar para la incidencia de la sociedad civil transnacional en un sector tan caro y complejo del mundo contemporáneo?. Ann Florini contesta afirmativamente el interrogante, sosteniendo que la emergencia de una tercera fuerza en el plano internacional -que se suma a los Estados y al sector privado- no es más que un nuevo reforzamiento del principio de "bien común", abandonado por los entes estatales como consecuencia de su pérdida de poder real en esta era del capitalismo corporativo.
La Unión de Asociaciones Internacionales reune actualmente a unas 15.000 organizaciones no gubernamentales alrededor del planeta. Ya sea a través de la persuación ejercida sobre líderes políticos, económicos y sociales, o bien despertando el interés de la comunidad respecto de ciertos problemas y sus soluciones posibles, lo cierto es que se autogestionan mediante una fuerza que no radica en un poder coercitivo, sino en una incuestionable autoridad moral puesta al servicio del interés colectivo.

(1).- Carnegie Endowment for International Peace, Washington D.C., 2000. Aún sin traducción al castellano.
(2).- El Foro se desarrolló entre los días 28 y 31 de mayo pasados.
(3).- Etica Planetaria: ¿misión imposible?. El País, Madrid, 30-4-01.

Dr. Martín Lozada
Bariloche - Argentina
mlozada@bariloche.com.ar