PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE UNA EMIGRANTE ITALIANA
Me llamo Aurora Fiorentini, soy licenciada en Servicio Social y vivo desde hace muchos años en la Argentina, más exactamente en Bariloche, una zona considerada por algunos la nueva Suiza, sólo que para completar esta descripción algo incompleta, a las características geográficas de Suiza hay que agregar el concepto de "inmensidad" y así podremos tener una idea de cómo es esta región.
Por pedido de los redactores de ITALY-NEWS me atreveré a enviar una serie de artículos en los cuales trataré de contar cosas de este país y de los italianos que aquí emigraron después de la segunda guerra mundial y en años sucesivos. Yo pertenezco a la primera categoría. Una emigración no deseada, dolorosa y que, salvo raras excepciones, se sintió siempre oprimida por un fuerte sentimiento de nostalgia. Esta nostalgia no nos dejará nunca, si bien será solamente un espejismo del alma puesto que, aunque ahora volviéramos, después de tantos años, nos sentiríamos extranjeros también en nuestro país.
Volver... Teníamos que hacerlo enseguida, pero no fue posible y el tiempo pasó. Ahora todos hemos construido nuestra propia vida y nuestra familia aquí, y aquí nos quedaremos.
Esta nostalgia me empujaba a realizar frecuentes viajes a Italia toda vez que las condiciones económicas de la familia me lo permitían. Primer paso: visita a mis parientes: otro espejismo doloroso. Por qué? Porque habiendo llegado a tierna edad a la Argentina, con mi papá y mi pamá, aquí no tenía parientes. Escuchaba a mis amiguitas decir:
"Hoy voy a visitar a mis tíos".
"Mi abuela me regaló esta muñeca".
"Qué hermosos cuentos me relata el abuelo! De cuando manejaba el tranvía a caballos, que hacía tanto ruido porqué tenía las ruedas de hierro...."
"Hoy mis primos van a venir a jugar a casa".
Yo extrañaba todos estos afectos. Tuve que aprender a crecer sin ellos. Habían quedado allá lejos, en Italia. No existían para mi, en mi mundo reducido... extraño... en el que me sentía señalada con el dedo porqué, si bien el país nos acordó plenos derechos civiles, algunas personas tenían miedo de toda este gente extranjera que estaba llegando de todas partes de Europa. Y en nuestro caso específico de italianos nos decían: "Fuera tanos que vinieron a sacarse el hambre a la Argentina". Tenían miedo que les quitásemos el trabajo, el pan de la boca. Pero sucedió lo contrario. Los extranjeros, estos inmigrantes industriosos y laboriosos llegados desde Europa, y entre ellos principalmente los italianos y los españoles, hicieron crecer la Argentina de entonces.
Pero qué me sucedía , ya adulta, cada vez que viajaba a Italia? Extrañaba la Argentina. Los espacios inmensos, el cielo tan lleno de estrellas que a cada momento parece que se te va a caer encima, el mar furioso y soberbio, la naturaleza salvaje y gozada en todo su esplendor.
Entonces preguntaba: Pero qué me pasa? Soy italiana o argentina? Tiempo después encontré la respuesta: ya no puedo elegir, soy italiana y también argentina.
Con el pasar del tiempo la Argentina perdió el poder económico que había conquistado en los años posteriores a la guerra y se empobreció cada vez más. Sucesivas administraciones mal dirigidas, los militares, la corrupción y, por si esto fuera poco, la apatía de la población la llevaron a la miseria. No puedo hacer otra cosa que lamentarme, sufrir y criticar porque yo también, junto a mi familia, sufro la actual situación. Siempre digo que la emigración nos quitó el pasado y la Argentina nos quitó el futuro. Por este motivo muchos emigrantes han visto repetirse la dolorosa situación de la emigración, pero en sentido contrario, con sus hijos. Los jóvenes están escapando de este país que no les ofrece posibilidades de crecimiento, de concretar sus aspiraciones de formar una familia, de contar con un trabajo acorde a sus gustos y para el cual se prepararon con tanto esfuerzo y con tantos años de estudio. Dejan a su familia y a sus parientes y ellos también se van hacia lo desconocido, a luchar solos, a abrirse un camino.
Uno de mis hijos se fue a Alemania. Allí ganaba muy bien pero no pudo resistir lejos más de 3 años, por lo que apenas se hizo con un pequeño capital volvió a su país para tratar de abrirse camino. Lo logró, con gran esfuerzo, y yo estoy muy contenta porque de esta manera sus hijos crecerán cerca de sus abuelos, de sus tíos y de sus primos.
AURORA FIORENTINI - BARILOCHE - ARGENTINA
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