Uno de los cuentos que más me fascinó de niño es el relato que hace Homero de los viajes de Ulises. Ulises es il primer antropólogo de la humanidad. Encuentra y describe poblaciones y gentes lejanas y raras, a veces monstruosas.
Entre tantos podemos citar a los lotófagos,
que olvidan el pasado comiendo las flores del olvido y viven un eterno presente
y a los antropófagos Lestrígonos, que se comen a sus semejantes, pero todos ellos hablan e interactúan con
hombres dioses y diosas, con hechiceras y divinidades menores.
En el
medio, entre hombres y divinidades, se sitúa Polifemo, el gigante con un solo
ojo enorme, en medio de la frente. Es un hombre salvaje, un hombre a medias por
que le falta el raciocinio. No conoce las leyes que hacen a los humanos
distintos de los animales.
Cuando Ulises y sus compañeros llegan a la gruta donde él vive en busca
de alimentos, quedan asombrados por la vastedad del lugar y las dimensiones de
los objetos. Polifemo es un pastor antropófago y la cueva está llena de enormes
ollas, rodeando un hogar circular que
se utiliza para hervir leche. Quesos enteros de un tamaño insólito están
alineados sobre entablados o colocados en grandes canastos de mimbre. Las
paredes de la caverna están ennegrecidas por el humo que sale del hogar. Cepas
y palos arden bajo las cenizas. Un pobre pajar es el único trasto.
La
historia es conocida. Cuando Polifemo vuelve a su cueva cierra la entrada con
una enorme piedra. De repente se da cuenta que hay intrusos y con su voz
espantosa les pregunta quiénes son. Entonces empieza un diálogo entre el astuto
Ulises, que afirma llamarse Nadie, y el rudo Polifemo. Ulises le pide que
respete la hospitalidad, que es sagrada. Polifemo no comprende y, como
respuesta, se come a dos de los compañeros de Ulises. Este intenta ganárselo
ofreciéndole un regalo: un barril de vino, pero por toda respuesta y para
expresar su agradecimiento, Polifemo promete a Ulises que lo comerá por último.
Ulises y sus compañeros deciden cegar al gigante cuando duerme, un sueño
pesado a causa del vino. No pueden matarlo porque en ese caso ninguno de ellos
podría remover la piedra que obstruye la entrada a la cueva. Rápidamente queman
la punta de un palo y lo clavan en el único ojo del gigante. Polifemo grita e
intenta, a tientas, agarrarlos, pero no lo consigue. Al escuchar los gritos
llegan los demás Cíclopes y preguntan a Polifemo quién los lastimó, y él
contesta que Nadie. Entonces ellos comentan: “Si Nadie te lastimó, el dolor que
te agobia te lo envió Júpiter, por lo tanto déjanos en paz y no nos molestes”.
Polifemo necesita llevar a pastar a sus ovejas, por lo tanto retira la
roca de la abertura de la cueva. Mientras los animales van saliendo él palpa el lomo de cada animal para asegurarse
que los griegos no huyan montados en
los animales. Pero Ulises y sus compañeros se agarran del vellón que está bajo la panza de los ovinos más
grandes y consiguen ponerse a salvo.
La
historia aún hoy llama la atención por dos motivos:
-
1) Aún hoy, en algunos lugares de la
desarrollada Europa, hay pastores que
viven en la misma forma y repiten los mismos actos de Polifemo, sin evolucionar
siquiera un poco las técnicas de trabajar la leche y de preparar el queso. Se
puede decir que, aún si viven en el medio de una sociedad moderna, se han
quedado en el tiempo, con un nivel tecnológico y mental primitivo. Por lo tanto conviene no generalizar, no
podemos afirmar que toda Europa alcanzó el mismo nivel de civilización, ni que
toda Africa está atrasada.
-
2) El episodio de Polifemo nos permite afirmar
que el ejercicio de reflexionar sobre
el pasado nos permite entender los problemas del presente. Aún del presente
trágico de nuestros días.
Ulises intenta comprender la cultura de Polifemo. Analiza y resuelve
salir de la situación en la cual se encuentra recurriendo a su inteligencia y
midiendo sus fuerzas, apuntando unicamente a los objetivos que se propone
alcanzar, evitando las acciones impulsadas por la pasión, esa pasión que lo
impulsaría a matar a Polifemo que no respetó la vida humana. Pero comprende que
la muerte de Polifemo sería también su muerte. Solamente lo ciega, para poder
explotar su fuerza. Tiene que dejarlo vivir. Evalúa sus posibilidades sin
dejarse cegar por las emociones que lo llevarían a cometer represalias
facilistas y dañinas
El
accionar de Ulises representa un modelo de reflexión que puede ser una lección
para nosotros que debemos reaccionar en forma positiva y controlada a los
trágicos acontecimientos del 11 de septiembre. Debemos recordar que existen
maneras de pensar y lógicas diferentes de la nuestra. Aún si no se comprende la
cultura de los demás, hay que respetarla sin entrar en la trampa de hacer
comparaciones. Cuando queremos hacer comparaciones entre distintas culturas, las
haremos usando parámetros que también estarán influenciados por nuestras
raíces, por nuestras costumbres, por nuestro sistema de valores, y por lo tanto
nunca serán imparciales.
Hagamos un ejemplo con la ayuda de Humberto Eco: Si pensamos que la prolongación
de la vida sea un valor, que el desarrollo económico, la expansión del
comercio, la rapidez de los transportes, sean valores, vamos a deducir que
nuestra cultura aparece como superior a las demás. Pero no todos están de
acuerdo en pensar que estos valores sean lo mejor. Ciertamente el paradigma
tecnológico no es absoluto.
Sin
meternos con la historia, que es un arma de doble filo, tenemos que planterar
el tema de los paradigmas en llave contemporánea. La cultura occidental tiene
por cierto que la misma persona puede manejar paradigmas diferentes y
contradictorios sobre cuestiones distintas. Ponemos siempre en discusión los paradigmas. Si es un valor la
prolongación de la vida, es un contra valor la contaminación del medio ambiente
y del aire. Para que podamos contar con instalaciones en las cuales se
investiga sobre la prolongación de la vida, necesitamos que exista un sistema
de comunicaciones y de abastecimiento energético que producirá contaminación
ambiental. Esto demuestra que la cuestión de los paradigmas es muy delicada.
Humberto
Eco nos sugiere que la antropología cultural no tiene respuestas creíbles y no
sabría qué aconsejar si Polifemo y los demás Cíclopes quisieran vivir entre
nosotros y empezar a comer hombres y mujeres en el desayuno y la cena. Puesto
que creemos que un valor fundamental es la tolerancia, no podemos pensar en términos
de venganza y sugerir a nuestros semejantes que se coman a los Cíclopes para
que aprendan a portarse correctamente. Deberíamos en cambio buscar la manera de
volverlos inofensivos.
Pensemos en una hipotética amenaza de destrucción de la Basílica de San
Pedro, en Roma. No deberíamos pensar en responder con la destrucción de la Meca
como venganza. Si un valor de nuestra cultura es la aceptación de las
diversidades, aún si a veces producen extravío y turbación, hay que volver al método
de Ulises y usar el arma de la racionalidad, del análisis y de la crítica antes
de actuar.