“Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales, hay fuegos grandes, fuegos chicos y fuegos de todos
los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de
fuego loco, que llena el aire con chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no
alumbran ni queman, pero otros arden con tantas ganas que no se puede mirarlos
sin parpadear, y quien se acerca se enciende”.
Eduardo Galeano
Qué significa Resiliencia? Esta palabra
no es muy conocida, por lo tanto vamos a recurrir primero al diccionario:
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Diccionario Enciclopédico Salvat (Salvat Editores, Madrid, 1973):
Física: resistencia que oponen los cuerpos, en especial los metales, a la
ruptura por choque o percusión.
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Lo Zingarelli (Zanichelli, Milano, 1995): Capacidad de un material de
resistir a choques imprevistos sin quebrarse.
Si trasladamos este concepto a las Ciencias Sociales, podemos decir que “la resiliencia
correspondería a la capacidad humana de hacer frente a las adversidades de la
vida, superarlas y salir de ellas fortalecido
e, incluso, transformado”(Grotberg, 1996).
En este enfoque determinado el término está
asociado siempre con tensión, estrés, ansiedad, situaciones traumáticas que nos
afectan durante el curso de nuestra vida. Los expertos señalan que es algo
consustancial a la naturaleza humana, pero que no necesariamente siempre se
activa, o aún cuando esté activada, genere una solución positiva. Esta
situación misteriosa está basada también en la evidencia de que los elementos
constitutivos de la resiliencia están presentes en todo ser humano y
evolucionan a través de las fases del desarrollo o ciclo vital, pasando de ser
comportamientos intuitivos durante la infancia, a agudizarse y ser deliberados
en la adolescencia, hasta ser introyectados en la conducta propia de la edad
adulta.
La resiliencia es más que la aptitud de
resistir a la destrucción preservando la integridad en circunstancias
difíciles: es también la aptitud de
reaccionar positivamente a pesar de las dificultades y la posibilidad de
construir basándose en las fuerzas propias del ser humano. No es sólo
sobrevivir a pesar de todo, sino que es tener la capacidad de usar la
experiencia derivada de las situaciones adversas para proyectar el futuro.
Los siete factores que caracterizan la resiliencia
son:
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“insigth” o introspección: capacidad para examinarse
internamente, plantearse preguntas difíciles y darse respuestas honestas.
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independencia: capacidad para mantener distancia física y
emocional con respecto a los problemas sin caer en el aislamiento.
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interacción: capacidad para establecer lazos íntimos y
satisfactorios con otras personas.
¨
iniciativa: capacidad para hacerse cargo de los problemas y
ejercer control sobre ellos.
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creatividad: capacidad para crear orden, belleza y objetivos
a partir del caos y del desorden.
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sentido del humor: predisposición del espíritu a la alegría,
permite alejarse del foco de tensión, relativizar y positivizar.
¨
Conciencia moral:
abarca toda la gama de valores internalizados por cada persona a través
de su desarrollo vital.
Dentro de los parámetros de la psicología
ha sido estudiada primordialmente en los contextos individuales, pero la
inclusión del concepto como estrategia de trabajo socio-comunitario, amplía su
radio de acción y le permite incursionar con propiedad en diversos campos del
desarrollo humano.
Tomada luego por la Teoría Sistémica en los
procesos de abordaje familiar, podemos inferir que resiliencia es la capacidad
que tiene un sistema para resistir cambios producidos por el entorno, para
persistir a través del cambio, para absorber el cambio cualitativo y mantener
la integridad estructural a lo largo del proceso de desarrollo (Hernández
Córdoba, 1997).
La flexibilidad en la adaptación y en la
acción es otro principio básico e inherente a la evolución, tanto a nivel de
los componentes como del sistema total, sabiendo como ya se ha dicho, que la
vida expresa su continuidad a través del cambio y de la progresiva
complejización. Por lo tanto, esta capacidad de los sistemas para persistir a través
del cambio es lo que varios autores han llamado resiliencia, para referirse a
la posibilidad de absorber el cambio cualitativo y mantener la integridad
estructural a lo largo del proceso de desarrollo (Hernández Córdoba, 1997).
En condiciones de crisis las familias se
reestructuran, se cohesionan para mantenerse y tratar de pasar la tormenta: no
saben cuánto tiempo pueda durar esa sinergia. Deben contar con factores
internos y externos que colaboren con ella para dejar de ser vulnerables e impedir que la crisis adquiera una
mayor dimensión, para luego superarla, enfrentar una reestructuración del
sistema, salir fortalecidos de ella y transformarla en elemento de cambio y de
crecimiento positivos.
La resiliencia es una capacidad que se puede
fomentar en los niños en diferentes etapas del desarrollo, por medio de la
estimulación en las áreas afectiva, cognitiva y conductural, atendiendo a la
edad y nivel de comprensión de las situaciones. Dentro del desarrollo humano,
el momento oportuno para activar y desarrollar este potencial que permite hacer
frente a la adversidad, corresponde al período que abarca desde el nacimiento
hasta la adolescencia.
Resumiendo
decimos que la resiliencia es la capacidad humana para enfrentar la adversidad
y resurgir de los eventos traumáticos, principio históricamente demostrado por
las hecatombes mundiales y los genocidios perpretrados por el hombre. Existen áreas
de desarrollo de la resiliencia, las que se refieren a los recursos personales
y recursos sociales potenciales de un individuo. Entre éstas se pueden citar:
la autoestima positiva, los lazos afectivos significativos, la creatividad, el
humor positivo, una red social y de pertenencia, una ideología personal que
permita dar un sentido al dolor, disminuyendo la connotación negativa de una
situación conflictiva, posibilitando el surgimiento de alternativas de solución
frente a lo adverso.
Desde una perspectiva psicosocial, se puede
concluir que la resiliencia se puede trabajar a nivel de prevención, de
rehabilitación y de promoción en la educación, en la ayuda a las familias y en
la labor comunitaria, ya que no depende de las características personales por sí
solas, sino también de un medio facilitador y apoyador.
El objetivo principal de este artículo es
comenzar a difundir el concepto de resiliencia para contribuir a la
concientización de que todas las personas poseen esta característica pero que
de todos nosotros depende el despliegue de ella si nos otorgamos oportunidades
mutuas.
LIC. AURORA FIORENTINI
BARILOCHE -
ARGENTINA